viernes, 31 de marzo de 2017

Y, ¿El criterio moral?

¡Siempre con mi bastón!
La rodillera la uso cuando
realizo actividades que
pueden desgastarla...aún más.
¿Es en serio? ¿Qué rayos ocurre con las personas?.- Llevo 8 años viviendo con discapacidad motriz, utilizo un bastón... tengo tres por ahora. Uno es gris metálico, otro es de madera con detalles rústicos en tonos mostaza y el otro es color vino también de madera. Si tuviera más dinero ¡me compraría más bastones!

Cuando aprendí a caminar utilizaba una rodillera mecánica que me brinda soporte y protección a la movilidad de mi pierna. En un inicio graduaba la rodillera a una flexión de 10° y poco a poco fui ajustando la graduación hasta poder flexionarla a 45°. Mi prótesis no puede flexionar más allá de 45°, según las indicaciones médicas. Pero "aquí entre nos"... la he flexionado un poco más ¡sin forzarla! No soy tan negligente.

Logré retomar mi rutina sin el uso de la rodillera, y hace unos meses volví a usarla por un par de accidentes que tuve. A partir de hace meses mi prótesis ya no responde con la misma fuerza. Duele, ya no soporto la misma actividad física que antes... el tiempo se agota.

A partir de adquirir una discapacidad motriz (además de la discapacidad auditiva que tengo... así es, no tengo oído derecho), mi rutina cambia.

Desarrollé algunas inseguridades, la multitud de personas me angustia y asusta. Así que, al transportarme en transporte público es un poco angustiante. En el metro, y más durante las horas "pico", las personas actúan como estampida. Siempre tienen prisa, siempre corren, siempre empujan y aunque bajen en la siguiente estación siempre pelean por un asiento.

Pero nunca ven a al ser humano que está junto a ellas.

Entre empujones y pisadas me he lastimado mi pierna, cuando voy parada la tensión que hago en ella me lastima, me cansa y me angustia. Me canso, ¡en serio que me canso! Y no tiene nada que ver con la edad. Sí, soy joven y llena de energía... pero mi pierna no tiene la misma resistencia que antes, es de titanio pero tiene dos uniones con mi hueso y eso hace que mi pierna no tenga la misma resistencia que una pierna de hueso.

Las escaleras eléctricas estaban en mantenimiento.
Subo y bajo escaleras, y a veces no hay escaleras eléctricas. 90 escalones en una estación, 90 escalones es lo que he contado... después de los 90 escalones dejo de contar.
25 estaciones del metro he viajado...y de pie.

Y en cada paso, en cada traslado y en cada minuto he usado mi bastón.
Y aun así las personas responden de manera sorprendente.

Al principio, cuando acudía a la Facultad (CU,UNAM) me acompañaba mi hermana menor. Se suponía que yo era la mayor y yo debía cuidarla, pero en términos de cuidados no existe la edad ni orden de nacimiento. Existe la hermandad.

Ella tenía aproximadamente 15 años y yo 21, me ayudaba a cargar mi mochila cuando era pesada. Y en algunas ocasiones pidió a las personas que cedieran el asiento para mi.
Hubo personas realmente amables.

Agradezco a esas personas que accedieron a ello... pero, sin restarles el agradecimiento y valor a su acto, comenzaron mis cuestionamientos.

Lo que estaba viviendo contradecía mi lógica, y creo que mi lógica no está equivocada. Esa lógica que aprendí de mis papás, quienes cedían su asiento a cuanta persona veían que lo requería. Incluso me indicaban que yo cediera el asiento cuando veíamos a alguien más, aunque yo fuera niña lo cedía. Éste hábito se convirtió en mi lógica.

Así que entré en una gran confusión y molestia cuando llegamos a escuchar esto: "No, yo también vengo cansado"....

¿¿¿¿¿¿¡Es EN SERIO!??????
¿DE VERDAD?

Entonces tuve una especie de colisión mental y dije, "Ok, viene del trabajo y ha de estar muy cansado... pero ¡Hey! Tiene dos piernas que son de hueso, hasta donde sé y donde logro observar luce sano, y según el tono de su voz goza de energía, asi que... ¡¿Qué rayos ocurre?!"

Yo traigo un bastón y una rodillera, ¿es en serio que estos dos elementos no son suficientes para ser acreedora de ese asiento?

Yo sólo quisiera que cada persona que no cede el asiento me mirara a los ojos y me diera una explicación lógica y sensata sobre sus respuestas, actitudes y acciones.

¿Las personas necesitan de un letrero que les indique qué hacer? E incluso, aun con ese letrero ni lo hacen.

¿Necesitan que otra persona les indique que, como acto moral y empático, deben ceder el asiento a una persona que lo necesita más que ellos? Y a veces, aunque otra persona les indique ese deber se niegan a hacerlo.

¿Qué está ocurriendo?

Letrero de asiento "Reservado"
Hace unos días iba sentada en el asiento que dice "Reservado", ese día no utilicé mi rodillera, aunque siento mi pierna con desgaste físico me atreví a salir a la calle sin ella. Pero como ya mencioné siempre uso mi bastón.

Bien, ese día subió un muchacho con muletas y su pie enyesado. Todos los asientos venían ocupados, frente a mi (el otro asiento "reservado") estaba ocupado por una señora de edad avanzada y a mi derecha dos mujeres jóvenes dormidas. Y en el pasillo una mujer con una amiga, ambas como unos 48 años. Junto al muchacho iba de pie una señora de aproximadamente 55 años.

De  pronto, la señora que estaba junto al muchacho le dijo en un tono voz alto:

-"¡Oye! a ti te deberían de ceder el asiento."

Su exclamación llegó a oídos de las dos mujeres del pasillo, una de ellas volteó de inmediato, se dirigió a mí y jugueteando con su dedo hacia mí y en voz altanera y muy  elevado dijo:

- "Ése asiento es para él"- Y terminó señalando el letrero sobre mi asiento que dice "Reservado"

De pronto me llené de duda y molestia.
Molesta por su tono de voz con aire grosero, altanero e irrespetuoso. 
Molesta por su incesante señalamiento con su dedo.
Molesta por su manera de solicitar un asiento.

Entonces, con un gesto confundido y de rechazo a su actitud le respondí:

-" Yo traigo bastón"- Al mismo tiempo tomé mi bastón con mi mano, lo levante y se lo mostré.

La mujer sólo dijo "Perdón" con el mismo tono de voz altanero y se volteó para  continuar platicando con su amiga.

¿Y el asiento? ¿Qué acaso su objetivo no era conseguir un asiento para el muchacho?
No continuó buscando ese asiento. 

Entonces, ¿Qué quería la mujer?
¿Qué actitud es esa? ¿Es una epidemia? Porque no es la única.

Personas que actúan como justicieras, con modos violentos, señalando y ridiculizando a las personas, sin un primer intento amable y respetuoso, inician con un reclamo, solicitan el asiento a las personas que vienen sentadas en el asiento que dice "Reservado" y no a las personas que vienen en otros asientos... como si ese letrero limitara tu criterio de acción moral.

De hecho una ocasión escuché esto:

Chico: "Mejor te cambio el asiento, déjame sentarme de lado de la ventana"- le dijo a su amiga con quien intercambió asiento. Él se había sentado en el asiento "Reservado".
Chica: "¿Por qué?.
Chico: "Así, si alguien sube no podrán pedirte el asiento".

Y de nuevo mi reacción de "¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!!"

Por favor, y estoy hablando con toda la seriedad posible, a las personas que han estado en un transporte público y no han cedido el asiento les pido que me miren a los ojos... cara  a cara y me respondan estas preguntas:

1.- ¿En verdad, aun viendo que tengo un bastón, crees que no necesito el asiento?
2.- ¿Crees que mi juventud protegerá mi pierna de alguna lesión? Porque déjame decirte que mi juventud no evitó el cáncer en dos ocasiones.
3.- ¿Por qué necesitas que alguien o algo te indique que necesito el asiento?
4.- ¿Por qué consideras que tu cansancio es más fuerte que una discapacidad o lesión física?

Es verdad que nosotros, las personas con discapacidad, podemos solicitar que nos cedan el asiento y de manera educada. Pero yo ya me cansé de pedirlo y recibir respuestas arrogantes, groseras y además quedarme de pie.

Me siento humillada. Me siento decepcionada de ti, de ti quién me ha negado la oportunidad de sentarme y quién me ha dado una respuesta irrespetuosa.
Me siento ofendida, pero también me siento más fuerte que tú.

Porque, a pesar de tener un menor rendimiento que tú, tengo la fortaleza de espíritu para poder soportar 25 estaciones de pie, y sé que sentiré cansancio pero al menos no me sentiré humillada ni ofendida, sino orgullosa de poder llegar a mi destino sin ponerme en manos de tu fría indiferencia.

Mi última pregunta es, ¿En verdad te sientes orgullosa/o de tus actos?


miércoles, 8 de marzo de 2017

Soy Feminista, y Humanista también.


Soy feminista y mi papá también.
Respeto mutuo, Libertad de elección mutua, Responsabilidad mutua.

Mi  familia nuclear esta formada por mi papá, mi mamá, cuatro hijas (incluyéndome) y tres sobrinas.


¡Exacto!

"Bendito entre las mujeres"


Crecí leyendo el libro de "Mujercitas", una historia de cuatro  hermanas que viven con su mamá mientras su papá está en combate. 

Tenía 10 años cuando leí "Mujercitas" y en aquel entonces mi papá también estaba en combate.


No estaba precisamente en la guerra.



Nací en una zona rural, vivíamos en una casita que tenía un jardín con columpios y resbadilla, teníamos rosales, un ciruelo, una higuera, una aurocaria, un piñón (es un árbol), un cedrón (otro árbol cuyas  hojas las preparaba mi mamá en Té...  ¡Riquísimo!) dos bugambilias, una nochebuena... y creo que ya. Eso es lo que recuerdo.



También teníamos animalitos. Gallinas -comíamos sus huevos-, críabamos también sus pollitos, tuvimos guajolotes y pavos (¡mi pesadilla! eran casi de mi tamaño), teníamos borregos, cerditos, conejitos y hasta un perrito.



Así que imaginarán las mañanas con el sonido de las  gallinas, salían temprano con sus pollitos para buscar comida en la tierra de los rosales, los pollitos corría por el pasto del jardín mientras mi mamá lavaba y tendía ropa cuidadosamente... hubiera sido una tragedia  que algún pollito se atravesara entre los  pies de mi mamá. Los borregos salían a pastar en la parte trasera de la casa, en ésta parte teníamos una amplia zona de Milpa (plantío de Maiz).



Se alimentaban a los  cerditos con maíz, tortillas y cáscaras de frutas y verduras (normalmente la que nos sobraba después de desayunar fruta y jugo preparado por mi mamá)



Los conejitos comían una especie de croquetas, también comían alfafa... ¡uuuff! Alfalfa.

En aquella época tomábamos agua natural de alfalfa... ¡Muy rica!


Teníamos una vida holgada y tranquila, con aromas, sonidos, coloridas flores, aire fresco y limpio... ¡¿Cómo no amar la naturaleza si crecí en ella?!



Pero las cosas cambiarían pronto, nos mudaríamos más cerca a la Ciudad, viviríamos en una casa donde sería imposible continuar nuestra vida rural. El  negocio de mi papá quebró y las crisis comenzaron a ser cada vez más continuas... hasta la fecha.



La solución que mi papá encontró fue destinarse a E.U.,  mi mamá se quedó sola con cuatro hijas... Y así, "Mujercitas" cobró sentido.



Nos quedamos cuatro mujeres solas, en una época donde fuimos criticadas, señaladas y con el mundo de conflictos económicos encima.



Mi mamá tomó las riendas. Una mujer que asumió las responsabilidades del hogar, educar a cuatro hijas y realizar los pagos y administración económica de  la casa. Y, del otro lado, mi papá viviendo a kilómetros de distancia, en un país ajeno, con un idioma que jamás aprendió, con una cultura diferente, con los prejuicios y discriminación por ser inmigrante ilegal, solo y viviendo con lo esencial, cubriendo jornadas laborales de cuatro diferentes trabajos al día... todo esto durante 9 años.



Yo tenia 10 años cuando mi papá se fue, en un día lluvioso en la terminal número 4 de la Central de Autobuses. Su esposa y sus cuatro Mujercitas lo despidieron sin saber si lo volverían a ver. Pero conscientes del valor con el que, mi papá y mi mamá, afrontarían los años  venideros.


¿Qué es lo que nos enseñaron?

Justamente aquello que ahora está en discusión y es tan incomprensible por muchas personas.

Una mujer con liderazgo.

Tengo una mamá que asumió un rol familiar con bastante trabajo, nos enseñó a tomar las riendas de todo aquello que ocurriera en nuestra vidas. 

Nos enseñó a no esperar que alguien más nos solucionara nuestros problemas.

Nos mostró cómo ser independientes, no temer por andar solas en la calle, nos motivó a buscar y conseguir lo que queremos, a hacernos responsables de nuestras cosas, a solucionar nuestros problemas.



Sus enseñanzas también llegaron a sus nietas.
Mi papá nos enseñó que los hombres no son caballerosos, son respetuosos. No nos hacen un favor por ser mujeres, nos respetan por ser personas. 


Nos enseñó que los hombres también lloran. Nos enseñó que si queríamos trepar, saltar, correr, patinar, ensuciarnos, trabajar en el campo, manejar, montar, escalar, saltar grandes alturas, boxear, usar el rifle... o hacer cualquier cosa que tuviéramos en mente, lo podíamos hacer.


Y no por el hecho de formar "Mujeres fuertes e invencibles"... sino por el hecho de quererlo hacer.  

La única condición que nos advertía era: Nunca hagas daño a nadie.


Izquierda.- Mi papá convenciéndome de acudir 
a mi última quimioterapia.

Derecha.- Mi papá conmigo en la cima de la Pirámide del Sol,
celebrando mi  4to. cancerversario.

Tengo un papá y una mamá que me han enseñado a ser fuerte, a no esconderme de los problemas, a mirarlos de frente y tomar decisiones. 

Me enseñaron que, en momentos de adversidad tengo derecho a llorar, a quejarme, a enojarme, a apoyarme en alguien más. Me enseñaron que cada una de estas acciones no son signo de debilidad, son signo de humanidad.

También me enseñaron que a pesar de ello, puedo levantarme y continuar. Tomar la decisión que considere adecuada con todo y la libertad de equivocarme. 

Y a través de su ejemplo aprendimos que, tanto hombres como mujeres tenemos la fortaleza para afrontar las circunstancias de la vida. Tanto hombres como mujeres tenemos la responsabilidad de tratarnos con respeto, no  por la diferencia de géneros, sino por ser personas.

Ni uno ni otro son mejores o peores.


Ser feminista NO significa adoptar una postura ideológica ni conductual extremista.

Ser feminista NO significa repudiar a otros géneros.
Ser feminista NO significa sobrevalorar a  la mujer.
Ser feminista NO significa aprobar la arrogancia, ni empoderar a la mujer: No se trata de poder.

Ser feminista significa recordarle al mundo que Hombres y Mujeres son personas.
Recordarle que las  diferencias entre cada uno son biológicas, y que tenemos más similitudes que diferencias.
Ser feminista significa combatir prejuicios y estereotipos que atan tanto a hombres como a mujeres.
Ser feminista significa entender que no hay un lenguaje femenino y un lenguaje masculino... existe la comunicación, el diálogo, la expresión de ideas y sentimientos de manera asertiva.
Ser feminista significa entender que todos somos personas, que todos habitamos este mundo y que no somos ni de Marte ni de Júpiter.
Ser feminista significa que como seres humanos tenemos el derecho a la libertad de elegir nuestro camino sin dañar a nadie, tenemos la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros propios actos sin culpar a nadie más y sobretodo, y el punto más importante:

"Como seres humanos tenemos el profundo compromiso de respetar a otro ser humano"

Las prácticas sociales, culturales, psicológicas o religiosas que atenten la vida de otro ser humano NO deben considerarse como algo "Normal" o "Socialmente aceptado".


Soy Feminista, pero también Humanista.


martes, 28 de febrero de 2017

Hace 8 años Caminé...Hoy Remé.

Segundo lugar nacional de Remo bajo techo
Ocho años después de la cirugía.





26 de Febrero.- Cumplí 8 años de aprender a caminar por segunda ocasión, o quizás tercera.

VIDEO: Primeros pasos después de la cirugía

Mi mamá me contó la anécdota de mis primeros pasos. Recuerda que yo tenía aproximadamente 10 meses de edad cuando comencé a dar mis primeros pasos. 


Tenía una andadera para bebés, esas andaderas con llantitas en la base. Como ya he mencionado en otras entradas del Blog, siempre fui alta... entonces, como han de imaginar, esa andadera para bebés me quedaba chica. Éste fue el motivo por el que decidí dejar la andadera.


Así es, me acercaba a un sillón de la sala, colocaba mis bracitos sobre el  asiento, me impulsaba hacia arriba y con los pies pateaba la andadera. Cuando la  andadera quedaba retirada emprendía mi descenso para poner mis pies sobre el suelo y apoyada con el sillón dí mis primeros pasos firmes... 


Mi mamá me platica que así comenzaron mis primeros pasos, apoyándome y recorriendo las orillas de cada mueble de la casa, poco a poco. Pero un día me caí y ya no quise continuar mi marcha de pequeños pasos.


Pasaron aproximadamente 3 meses para que continuara con mis pequeñitas caminatas, pero las más importantes para el ser humano por una razón: Aprender a moverse.


No importa si hemos nacido sin un  pie o ambos, sin una pierna  o ambas, sin sensibilidad en nuestras piernas. Pese a ello, el ser humano tiene éste instinto de moverse. Y ése instinto es lo que llevaremos cada momento de nuestra vida.

Movernos.

Cuando nos quedamos quietos podemos tomarlo como una oportunidad  para meditar  sobre nosotros mismos, para mirar a nuestro alrededor y prestar atención a los detalles que en ruido y movimiento lo dejamos a nuestro inconsciente.


Pero no todo el tiempo permaneceremos quietos, estos momentos de quietud llegan de vez en cuando y en ocasiones nosotros mismos buscamos esos momentos porque lo necesitamos. 


Y, cuando esos momentos de quietud  son largos pueden tener un aroma de eternidad, podemos estar en cama sin poder levantarnos, y es cuando necesitamos entender que nuestro cuerpo requiere reposo .
***Traducción de Reposo: Tiempo que le regalamos al cuerpo para recuperarse, para cuidarlo, apapacharlo, escucharlo... Quererlo.

A través de diferentes testimonios de personas que han afrontado el cáncer, hemos escuchado que aprendieron a valorar los detalles de la vida. 


Y así es, esos detalles que algunas personas no prestaban atención y otras más que los dejamos en el pasado o en segundo término. Detalles...El amor y apreciación a detalles como el canto de un ave, como escuchar el sonido del viento y colocarnos entre él para sentir su oleada en nuestra cara, los diálogos entre las ramas de un árbol, el ruido del agua corriendo en un río, los movimientos suaves de las nubes, el color de cada flor que vemos en nuestro camino, el aroma de un fruta recién cortada del árbol, contemplar un paisaje desde las alturas... aprendemos a disfrutar de las risas de pequeñas nenitas que danzan por la casa dejando a su paso las huellas de su presencia, observamos las risas espontáneas de las personas que amamos, grabamos en nuestra memoria sus gestos, sus líneas de expresión alrededor de sus miradas, el tiempo pasa lento y suave cuando acarician tu cabeza... momentos quietos y silenciosos donde vemos la vida pasar.


Y no, ver la vida pasar no significa que te estás perdiendo de tu vida, esa vida que sin cáncer estarías viviendo, esa vida que tus contemporáneos están viviendo. Absolutamente NO te estás perdiendo de tu vida, la estás viviendo.


En esa quietud, en esos momentos sin movimiento lo estás viviendo, y cada lucecita la llevarás contigo en los próximos alientos de tu vida.
***Para recordar, "Lucecitas" son esos aprendizajes que cambian nuestra manera de ver, pensar, sentir, comprender. 

Pero, ¿Qué pasa cuando volvemos al movimiento?

Ocho años después de mi tercera caminata en la vida he vuelto a lo que me gusta. Y eso es el movimiento, la explosión en tu cuerpo para realizar movimientos y transformar tu energía e impulsos inquietos en acciones: Eso es el deporte.


Y no hablo de volleyball, me quedó muy claro que no puedo jugar volleyball. 
Ok...Admito que aún tengo mi balón y en algunas ocasiones he jugado con mi balón, ¡claro! sin saltar ni correr.

Ok... acepto que mi pierna no biónica acciona un ligero salto, pero nada que pueda lastimar la otra pierna, la  pierna biónica.

Pero por ahora me refiero a Remo. 

Ocho años después y los celebré en mi segunda competencia Nacional en Remo Bajo Techo.

Desde hace 7 meses estuve parcialmente quieta. Dejé de practicar Remo, mi vida volvió a cambiar. De pronto me encontré en un momento donde mi vida comenzó a perder. Y cuando digo perder no me refiero a rendirme, aunque tengo el derecho de hacerlo, tampoco me refiero al hecho de hundirme y dejar de "Luchar", no me gusta utilizar ésta palabra por ello la coloco entre comillas...
Cuando hablo de perder me refiero justo y sencillamente a eso: perder.

Elementos de mi vida se desvanecieron, se fueron, cada área de mi vida se desvaneció... y entonces, cuando la vida me sobrepasó dejé de remar.

Y hoy, con dos meses de entrenamiento en casa y algunos días de remar en ergo, decidí competir. Decidí que era momento de hacerlo, aún vacía...aún con ausencias, aún doliente, incluso con una sensación de soledad.

Durante la competencia no veía los rostros que esperaba ver.

Calentamos, previo a esos minutos de adrenalina, de dar todo por el todo, de expulsar cada densidad de quietud. Esos minutos previos para preparar tu cuerpo, afinar los detalles adecuados de mi rodillera la cual protegería mi pierna de alguna otra lesión, y por último preparar tu mente. Calentamos.

Y entonces la Juez se acercó, preguntó mi nombre y  me indicó que era momento de  pasar a mi lugar de competencia.

Me puse de  pie, caminé hacia mi posición.
Carril número 8.

Tomé asiento, y comencé a observar... a mi izquierda, a unos cuantos metros estaba una juez, un grupo de jóvenes que habían competido justo antes de mi turno, otro grupo de chicas quienes hace unos minutos habían subido al podium de premiación.

Al fondo estaba la pantalla donde se visualizan digitalmente las posiciones de cada competidor, en ella podías ver los carriles de competencia y sus respectivos barquitos que van avanzado conforme vamos remando.

Al frente estaba una mesa con hojas blancas,  con el programa del evento supongo,  una laptop y el narrador... 

Detrás del narrador estaban las gradas donde los acompañantes de los competidores animaban, gritaban, sonreían orgullosos, vivían la emoción expulsando gritos y algunos exaltaban sus miradas intercalándolas entre la pantalla y sus competidores.

Y detrás de cada competidor una silla, una silla en la que tomaba asiento una persona. Una persona que vería tu avance, tus remadas, tus tiempos, una persona que durante esos breves minutos sería tu guía.

El detalle fue que en las  gradas no veía ningún rostro conocido, y dentrás de mí la silla estaba vacía.

De pronto sentí un vacío, algo caía dentro de mí, de mi pecho a mi estómago.
Mientras el momento se acercaba.

Estaba en posición para iniciar la competencia. Mis pies estaban en su posición, bien atados por supuesto. Mi cuerpo un poco tenso y nervioso, mi mente indicándome respirar suave y despacio. Pero el vacío estaba ahí.

Entonces, la entrenadora envió a un chico a esa silla vacía. Pese a que él tomó  asiento se sentía vacía. Frente a mi otro chico que también me guiaría, también desconocido.

Y el vacío seguía ahí... y entonces comenzó. Las tres palabras que elevan tu adrenalina como si estuvieras subiendo una montaña rusa...cuando el carrito comienza a disminuir su velocidad estando en el punto máximo de altura... moviéndose despacio y preparándose para caer... caer a toda velocidad.



- Ready?
- Attention...
- Go!

¡Go!
Y entonces remé.




Fue eterno, escuché a lo lejos al narrador:

- ¡Primeros 100 metros!

¡No!
¿100 metros? me faltaban 400 metros... ¿Y apenas había avanzado 100 metros?

Continué remando, pero las fuerzas comenzaron a escasear... y las ausencias comenzaron a hacerse presentes.

Exacto, las personas ausentes estaban en casa, estaban de paseo, estaban de fiesta con amigos, estaban en casa cuidando a una hermana, estaban con su familia, estaban con su hijo, y otras cuatro personas ausentes. Cuatro personas que su ausencia duele.

Y aún ausentes, presentes  en sus destinos pero ausentes en el mio... comenzaron a estar presentes en mi mente. Quizás un poco molesta porque yo estaba sola con dos desconocidos frente a mi  y detrás de mi, uno me guiaba y otro en silencio... escuchaba los gritos de ambos grupos a mi izquierda, los gritos de las personas en las gradas, los gritos de la entrenadora animando a cada competidor, los gritos de las personas en la silla, las exclamaciones del narrador... Ninguno de esos gritos eran de las personas ausentes.

Y entonces ese vacío que sentí dentro de mi comenzó a salir, mi cuerpo ya no podía más... quería dejar la competencia, pero esos vacíos gritaban. Salían en forma de gritos. Y entonces el  vacío se  extinguió, entonces sentí que podía remar y remar  hasta terminar y que aquellas personas presentes en su sitio donde debían estar podían estar en mi mente. Ahí estaban, no escuché sus gritos ni tampoco vi sus rostros, pero estaban.

- ¡Carril 8 y carril 9 pelean por el segundo lugar!- gritaba el narrador.

¡Demonios! Alguno de esos carriles soy yo, pero no puedo pensar cuál soy yo... no me interesa en qué lugar estoy. Sólo quiero terminar. Sólo quiero que acabe pronto, quiero terminar sin abandonar.

Quiero hacerlo hoy, hoy que puedo, quiero y siento.
Hoy que existe y no un mañana que se desvanece.

Y entonces, entre gritos y exclamaciones, y una remada más, terminé.
Un centésima después el carril 9 terminó.


Y yo, carril 8 ¡Con una centésima de diferencia! terminé en segundo lugar.
Mi pierna, aún con mi rodillera estaba cansada o quizás mi cuerpo estaba cansado.


Quería   desatar mi pie y bajarla, debía continuar en movimiento y disminuirlo poco a poco para evitar cualquier  descompensación. Pero me quedé quieta.

Respirando aun con velocidad, sin pausas largas, con mis hombros y brazos caídos... sin vacío, sin escuchar esa voz o sin ver esos rostros conocidos compartiendo mi emoción.



De pronto mi entrenadora se acercó, me vió quieta, me rodeó con sus brazos y me apoyó en ella para reincorporarme y recuperar aliento... Y entonces sentí y vi un rostro conocido, escuché una felicitación... y si, lloré.




Un llanto de satisfacción, un llanto liberador, lágrimas que terminaban de expulsar el último aliento de vacío.

La calma llegó, la respiración se normalizó, y mi mente se calmó.

Las ausencias dejaron de doler, las  personas ausentes estaban en su destino y al finalizar el día compartiría mi destino vivido.

VIDEO: Competencia Remo Bajo Techo 2017

Llegué a casa, hubo silencios.

Al día siguiente, con el equilibrio necesario entre nosotros, compartí mis videos y fotos del evento...un recuerdo que puedes revivir una y otra vez, un recuerdo donde puedes detener el tiempo, puedes regresar al momento que deseas... puedes hacerlos presentes en tu destino.


Y así fue.
Compartimos nuestra emoción y sentir. Vimos cada detalle, deteniendo y regresando el tiempo... disfrutando de  un hecho pasado viéndolo en un presente.

Medalla de Segundo Lugar.


REMEPAC
Mi equipo
Y así comprendí que nuestros momentos, nuestras historias las vivimos como son, y en algún momento cercano o lejano se convertirán en un "Pasado presente" tal como una estrella. Contemplamos su brillo aún en su ausencia.

¿Han escuchado que las estrellas, en realidad, han muerto hace millones de años?

Pero aún vemos su brillo, ¿No?
Las estrellas, aunque estén ausentes... su brillo sigue en nuestro presente.
Cada que miramos al cielo en cada noche, vemos su brillo.

Pero ignoramos que están ausentes, y así las ausencias desaparecen.
Mientras que el brillo aparece.

lunes, 20 de febrero de 2017

Y, ¿Después de la cirugía? ¡Pierna nueva!

Y desperté.

¿Qué fue lo primero que pensé?
Nada.

No pensaba, sentía. Sentía mi cuerpo inmóvil y por alguna razón cansado y pesado. Pero al mismo tiempo sentía tranquilidad.

Estaba en la sala de recuperación, una sala donde llevan a los pacientes que salen de cirugía. Estuve unos minutos ahí y después, una enfermera observó que abría mis ojos, un poco desorbitados pero estaba estable, así que me  subieron a mi habitación. Todo era ensordecedor, sólo sentía.

Minutos después desperté, con mayor conciencia, con mayor  sensibilidad... y con mucha sed. Mi mamá estaba ahí, se acercó, humedeció una "motita" de algodón con un poco de Té y la colocó sobre mis labios.

¡Cuánta sed!
Pero no era adecuado ingerir alimentos ni bebidas, así que disfruté de mis labios húmedos.

Conforme pasaban los segundos comencé a recapitular... y entonces los vi.
Vi mis dedos de mi pierna izquierda, eran míos. 

- ¿Tengo mi pierna?- pensé.

Entonces recordé esas escenas de películas donde las personas pierden sensibilidad en sus piernas y son incapaces de mover sus dedos del pie. Y decidí intentar mover mis dedos del pie... ¡Wow, se mueven! ¡No los siento pero veo cómo se mueven!

Con mis manos toqué mi pierna, ahí estaba.
¿Cómo era posible? Yo autoricé la amputación.
¿El tumor?, ¿Dónde está el tumor?
¿Qué le hicieron a mi pierna?, ¿Qué ocurrió en quirófano?

No podía responder a esas dudas, pero sabía que tenía mi pierna, pesada y vendada, pero podía mover mis dedos del pie.

Mi mamá pasó la noche conmigo en el hospital. Fueron largas horas  para ella y mi papá que esperaron y esperaron, angustiados, nerviosos, pensativos quizás.
No sólo estaba en riesgo mi pierna, también estaba en riesgo mi vida.

Mi mamá no quiso comer, la preocupación y la espera mantenían su estómago llego de incertidumbre. Con tanta incertidumbre....¿Quién tiene hambre?

Aunque estuve dormida durante la cirugía deseaba descansar. 
Al día siguiente vería a los médicos, cada mañana hacían su recorrido por cada habitación con cada paciente. Entonces obtendría más detalles.

Y así fue.
Escuchamos los pasos de un grupo de personas, voces y murmullos, cada vez más cerca de mi habitación. Y entonces ocurrió: ¡Acción!

-¿Cómo estás Rocio? ¿Cómo amanecimos?...Señora, Buenos días- decían los médicos. Aunque sonrientes y con movimientos corporales suaves, no disimulaban el deseo de observar la pierna, de comentar el caso, de hacerme preguntas... de saber si mi cuerpo aceptaría la prótesis.

-¡¿Qué?!- Aceptar la prótesis, vaya, y yo creía que todo estaba hecho.

Pues no era así, resulta que la prótesis está hecha de un material apto para mi cuerpo pero eso no significaba que mi cuerpo respondería favorablemente, así que había otro detalle, un detalle más que atender.
Recibiendo la visita de mi papá 🙌💚🙌
Y bajando la temperatura alta 

Y así fue, las siguientes horas,  los siguientes días se trataban de observar la aceptación de mi cuerpo.

No fue sencillo pero mi prótesis se adaptó a mí, me transfundieron 4 paquetes de sangre, tuve ciclos de temperatura alta, pero jamás tuve ningún tipo de reacción alérgica.

Los milagros existen.
Oficialmente era una chica biónica.
Una chica con una pierna de Titanio.

Y lo más importante:
- Rocio, todo salió muy bien. Retiramos el tumor- supongo que los médicos compartían la misma emoción que yo. ¡Ya no hay tumor!




¿Cómo es que llegamos a este punto?
¿En qué momento pasé de ser una joven estudiante y deportista a una chica en espera de la respuesta de su cuerpo para aceptar un cuerpo extraño?, ¿En qué momento mi mamá y mi papá dejaron de ser una típica pareja con cuatro hijas saludables y con una vida relativamente tranquila, en curso, como cualquier otra familia? ¿En qué momento ocurre esta transformación?

¿En qué momento pasa la vida?

De pronto despiertas y te das cuenta que estás demasiado lejos de tu antigua vida... Pero estás tan cerca del cariño y apoyo de personas que jamás pensaste conocer.

Tuvimos la bendición de estar acompañados por excelentes personas, cuando me hospitalizaron conocimos a una excelente persona que nos llevó de la mano en cada momento. 

Gracias a Ella mis papás no se sintieron solos, gracias a Ella nos sentimos acobijados, comprendidos, orientados, y queridos.

T.S. Adriana Pérez León
Desde entonces una GRAN amiga 😍
👆Noten su rostro, amigable y cariñoso
Su manera de explicar cada paso, su manera de mirarte mientras tratabas de comunicar alguna duda confusa que tenías pero Ella entendía perfecto lo que querías decir, y su calidez para responder. 

Entonces, aprendes que los milagros no son acontecimientos casi irreales. Aprendimos que los milagros se traducen en personas enviadas a nosotros en el momento perfecto, de la manera perfecta.

Ella era una Trabajadora Social que compaginaba como una pieza de rompecabezas perfecta en aquel equipo perfecto.




En aquellos días, las chicas de mi edad conocían a chicos atractivos, salían de fiesta, disfrutaban el tiempo con sus amistades, entraban con pereza a sus clases de las 7 am, las noches de viernes eran de fiestas, antros, bailes, beber alcohol ¿Por qué no?, planeaban sus vacaciones, discutían con su mamá por que "No las entendían", acudían con papá por permisos para salir, elegían ropa de moda en su tienda favorita, acudían a su primer empleo... todas esas actividades que jamás viví a esa edad y me fueron arrebatadas...¿Arrebatadas?

¡Esperen! No se nos puede arrebatar algo que aun no poseemos.
OK, retiro la palabra "arrebatadas", en su lugar podríamos decir que fueron deseos no cumplidos, sustituidos por lucecitas.

Nota: Recuerden, "Lucecitas" son esas vivencias que nos dejan una lección. Son experiencias que iluminan nuestra vida.
 Y en su lugar me obsequiaron la compañía de personas que, sin estar conscientes del impacto que generaban en mi, me esclarecieron mi vida, que no me dejaron caer, me enseñaron a tomar decisiones sobre MI vida y sobre MI cuerpo, y sobretodo, jamás dejaron solos a mis papás. Ante la posibilidad de presenciar el fallecimiento de una hija (para muchos el dolor más fuerte que puede vivir una madre y un padre), jamás los dejaron solos.

Médicos que no veían una tragedia en mi enfermedad, veían un "caso extraordinario", por alguna razón les gustaba mi caso, lo platicaban, lo compartían con sus colegas...Me presumían. Y, aunque admito haberme sentido como un libro abierto, también admito que su pasión a su profesión salvaron mi vida y saber que mi salud estaba a cargo de profesionales apasionados me tranquilizaba. Al final de todo, si yo fallecía no sería culpa de ellos, sería mi tiempo.

Y hoy en día, independientemente de haberse tratado de una buena o mala decisión, he disfrutado de mi pierna. El poco tiempo que he tenido para usarla la he usado, la  he disfrutado... ¿Para qué tener una pierna nueva si no voy a usarla?

Mi pierna tiene un tiempo de vida. De 10 a 15 años dependiendo del cuidado que le ofrezca. Peso 48.250kg y mido 1.75cm, eso extendería el tiempo de vida de mi prótesis, pero he decidido usarla.

Esto no significa que sea negligente conmigo misma, pero tampoco significa vivir con miedo y estresarme. Significa vivir, atreverse y tomar decisiones con responsabilidad.

Quizás me quede poco tiempo, pero quiero que valga la pena. La quitarán y la desecharán, ¿Para qué desecharla como nueva? De ser sí, entonces no habría tenido sentido tener una prótesis que jamás iba a usar.

Así que no me detuve. Ni lo haré.
Ni siquiera sé quedarme quieta.

Mi vida continuó, no tuve la oportunidad de tener un auto así que me he desplazado a mis destinos en transporte colectivo, caminando con mi bastón, cargando mi bolso/mochila, al inicio de mis primeras caminatas acompañada pero después lo haría sola, utilizando mi rodillera cuando es necesario, usando mi cuerpo ahora que lo tengo.

El deporte me apasiona, así que lo retomé y ahora me dedico a remar.
¡Por supuesto que en la modalidad de deporte adaptado!

En él mi pierna con prótesis no realiza ningún esfuerzo que implique impacto o fuerza, ¡lo cual es perfecto!

Tardé algunos años en retomar el deporte, pero ahora estoy en él. No pude asistir a las olimpiadas de Londres 2012 ni Río 2016.
¡Pero viene Tokio 2020!

No sé si viva para entonces, pero al menos estaré en camino.




Estudié en la mejor Universidad de mi país, aunque el recorrido para llegar a la Universidad es de 2 horas, tampoco me detuve.
Biblioteca Central UNAM, Ciudad Universitaria.
Entrada de la Facultad de Psicología UNAM.
A la izquierda un elevador,
en ocasiones no funcionaba.



Viajar en transporte público tampoco es sencillo, los empujones y la indiferencia de la mayoría de las personas (algunas se han portado como ángeles), las infinitas escaleras (bueno, no son infinitas pero lo parecen) pueden ser un esfuerzo extra a mi pierna.

Pero ¿Qué otra opción tenía?
¿Quedarme en casa, evitar practicar lo que amo, dejar de asistir a mi Universidad que elegí con ilusión?

¿Qué clase de vida quiero?
Tengo dos opciones:

1. Gastar lo menos posible mi prótesis, aunque implique renunciar a lo que me gusta hacer y aún puedo hacer.

2. Vivir lo que me gusta hacer, mi prótesis se desgastará y durará menos... pero puedo vivir con responsabilidad.

Definitivamente elijo Vivir.

Tu, ¿Qué eliges?.