viernes, 31 de marzo de 2017

Y, ¿El criterio moral?

¡Siempre con mi bastón!
La rodillera la uso cuando
realizo actividades que
pueden desgastarla...aún más.
¿Es en serio? ¿Qué rayos ocurre con las personas?.- Llevo 8 años viviendo con discapacidad motriz, utilizo un bastón... tengo tres por ahora. Uno es gris metálico, otro es de madera con detalles rústicos en tonos mostaza y el otro es color vino también de madera. Si tuviera más dinero ¡me compraría más bastones!

Cuando aprendí a caminar utilizaba una rodillera mecánica que me brinda soporte y protección a la movilidad de mi pierna. En un inicio graduaba la rodillera a una flexión de 10° y poco a poco fui ajustando la graduación hasta poder flexionarla a 45°. Mi prótesis no puede flexionar más allá de 45°, según las indicaciones médicas. Pero "aquí entre nos"... la he flexionado un poco más ¡sin forzarla! No soy tan negligente.

Logré retomar mi rutina sin el uso de la rodillera, y hace unos meses volví a usarla por un par de accidentes que tuve. A partir de hace meses mi prótesis ya no responde con la misma fuerza. Duele, ya no soporto la misma actividad física que antes... el tiempo se agota.

A partir de adquirir una discapacidad motriz (además de la discapacidad auditiva que tengo... así es, no tengo oído derecho), mi rutina cambia.

Desarrollé algunas inseguridades, la multitud de personas me angustia y asusta. Así que, al transportarme en transporte público es un poco angustiante. En el metro, y más durante las horas "pico", las personas actúan como estampida. Siempre tienen prisa, siempre corren, siempre empujan y aunque bajen en la siguiente estación siempre pelean por un asiento.

Pero nunca ven a al ser humano que está junto a ellas.

Entre empujones y pisadas me he lastimado mi pierna, cuando voy parada la tensión que hago en ella me lastima, me cansa y me angustia. Me canso, ¡en serio que me canso! Y no tiene nada que ver con la edad. Sí, soy joven y llena de energía... pero mi pierna no tiene la misma resistencia que antes, es de titanio pero tiene dos uniones con mi hueso y eso hace que mi pierna no tenga la misma resistencia que una pierna de hueso.

Las escaleras eléctricas estaban en mantenimiento.
Subo y bajo escaleras, y a veces no hay escaleras eléctricas. 90 escalones en una estación, 90 escalones es lo que he contado... después de los 90 escalones dejo de contar.
25 estaciones del metro he viajado...y de pie.

Y en cada paso, en cada traslado y en cada minuto he usado mi bastón.
Y aun así las personas responden de manera sorprendente.

Al principio, cuando acudía a la Facultad (CU,UNAM) me acompañaba mi hermana menor. Se suponía que yo era la mayor y yo debía cuidarla, pero en términos de cuidados no existe la edad ni orden de nacimiento. Existe la hermandad.

Ella tenía aproximadamente 15 años y yo 21, me ayudaba a cargar mi mochila cuando era pesada. Y en algunas ocasiones pidió a las personas que cedieran el asiento para mi.
Hubo personas realmente amables.

Agradezco a esas personas que accedieron a ello... pero, sin restarles el agradecimiento y valor a su acto, comenzaron mis cuestionamientos.

Lo que estaba viviendo contradecía mi lógica, y creo que mi lógica no está equivocada. Esa lógica que aprendí de mis papás, quienes cedían su asiento a cuanta persona veían que lo requería. Incluso me indicaban que yo cediera el asiento cuando veíamos a alguien más, aunque yo fuera niña lo cedía. Éste hábito se convirtió en mi lógica.

Así que entré en una gran confusión y molestia cuando llegamos a escuchar esto: "No, yo también vengo cansado"....

¿¿¿¿¿¿¡Es EN SERIO!??????
¿DE VERDAD?

Entonces tuve una especie de colisión mental y dije, "Ok, viene del trabajo y ha de estar muy cansado... pero ¡Hey! Tiene dos piernas que son de hueso, hasta donde sé y donde logro observar luce sano, y según el tono de su voz goza de energía, asi que... ¡¿Qué rayos ocurre?!"

Yo traigo un bastón y una rodillera, ¿es en serio que estos dos elementos no son suficientes para ser acreedora de ese asiento?

Yo sólo quisiera que cada persona que no cede el asiento me mirara a los ojos y me diera una explicación lógica y sensata sobre sus respuestas, actitudes y acciones.

¿Las personas necesitan de un letrero que les indique qué hacer? E incluso, aun con ese letrero ni lo hacen.

¿Necesitan que otra persona les indique que, como acto moral y empático, deben ceder el asiento a una persona que lo necesita más que ellos? Y a veces, aunque otra persona les indique ese deber se niegan a hacerlo.

¿Qué está ocurriendo?

Letrero de asiento "Reservado"
Hace unos días iba sentada en el asiento que dice "Reservado", ese día no utilicé mi rodillera, aunque siento mi pierna con desgaste físico me atreví a salir a la calle sin ella. Pero como ya mencioné siempre uso mi bastón.

Bien, ese día subió un muchacho con muletas y su pie enyesado. Todos los asientos venían ocupados, frente a mi (el otro asiento "reservado") estaba ocupado por una señora de edad avanzada y a mi derecha dos mujeres jóvenes dormidas. Y en el pasillo una mujer con una amiga, ambas como unos 48 años. Junto al muchacho iba de pie una señora de aproximadamente 55 años.

De  pronto, la señora que estaba junto al muchacho le dijo en un tono voz alto:

-"¡Oye! a ti te deberían de ceder el asiento."

Su exclamación llegó a oídos de las dos mujeres del pasillo, una de ellas volteó de inmediato, se dirigió a mí y jugueteando con su dedo hacia mí y en voz altanera y muy  elevado dijo:

- "Ése asiento es para él"- Y terminó señalando el letrero sobre mi asiento que dice "Reservado"

De pronto me llené de duda y molestia.
Molesta por su tono de voz con aire grosero, altanero e irrespetuoso. 
Molesta por su incesante señalamiento con su dedo.
Molesta por su manera de solicitar un asiento.

Entonces, con un gesto confundido y de rechazo a su actitud le respondí:

-" Yo traigo bastón"- Al mismo tiempo tomé mi bastón con mi mano, lo levante y se lo mostré.

La mujer sólo dijo "Perdón" con el mismo tono de voz altanero y se volteó para  continuar platicando con su amiga.

¿Y el asiento? ¿Qué acaso su objetivo no era conseguir un asiento para el muchacho?
No continuó buscando ese asiento. 

Entonces, ¿Qué quería la mujer?
¿Qué actitud es esa? ¿Es una epidemia? Porque no es la única.

Personas que actúan como justicieras, con modos violentos, señalando y ridiculizando a las personas, sin un primer intento amable y respetuoso, inician con un reclamo, solicitan el asiento a las personas que vienen sentadas en el asiento que dice "Reservado" y no a las personas que vienen en otros asientos... como si ese letrero limitara tu criterio de acción moral.

De hecho una ocasión escuché esto:

Chico: "Mejor te cambio el asiento, déjame sentarme de lado de la ventana"- le dijo a su amiga con quien intercambió asiento. Él se había sentado en el asiento "Reservado".
Chica: "¿Por qué?.
Chico: "Así, si alguien sube no podrán pedirte el asiento".

Y de nuevo mi reacción de "¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!!"

Por favor, y estoy hablando con toda la seriedad posible, a las personas que han estado en un transporte público y no han cedido el asiento les pido que me miren a los ojos... cara  a cara y me respondan estas preguntas:

1.- ¿En verdad, aun viendo que tengo un bastón, crees que no necesito el asiento?
2.- ¿Crees que mi juventud protegerá mi pierna de alguna lesión? Porque déjame decirte que mi juventud no evitó el cáncer en dos ocasiones.
3.- ¿Por qué necesitas que alguien o algo te indique que necesito el asiento?
4.- ¿Por qué consideras que tu cansancio es más fuerte que una discapacidad o lesión física?

Es verdad que nosotros, las personas con discapacidad, podemos solicitar que nos cedan el asiento y de manera educada. Pero yo ya me cansé de pedirlo y recibir respuestas arrogantes, groseras y además quedarme de pie.

Me siento humillada. Me siento decepcionada de ti, de ti quién me ha negado la oportunidad de sentarme y quién me ha dado una respuesta irrespetuosa.
Me siento ofendida, pero también me siento más fuerte que tú.

Porque, a pesar de tener un menor rendimiento que tú, tengo la fortaleza de espíritu para poder soportar 25 estaciones de pie, y sé que sentiré cansancio pero al menos no me sentiré humillada ni ofendida, sino orgullosa de poder llegar a mi destino sin ponerme en manos de tu fría indiferencia.

Mi última pregunta es, ¿En verdad te sientes orgullosa/o de tus actos?


miércoles, 8 de marzo de 2017

Soy Feminista, y Humanista también.


Soy feminista y mi papá también.
Respeto mutuo, Libertad de elección mutua, Responsabilidad mutua.

Mi  familia nuclear esta formada por mi papá, mi mamá, cuatro hijas (incluyéndome) y tres sobrinas.


¡Exacto!

"Bendito entre las mujeres"


Crecí leyendo el libro de "Mujercitas", una historia de cuatro  hermanas que viven con su mamá mientras su papá está en combate. 

Tenía 10 años cuando leí "Mujercitas" y en aquel entonces mi papá también estaba en combate.


No estaba precisamente en la guerra.



Nací en una zona rural, vivíamos en una casita que tenía un jardín con columpios y resbadilla, teníamos rosales, un ciruelo, una higuera, una aurocaria, un piñón (es un árbol), un cedrón (otro árbol cuyas  hojas las preparaba mi mamá en Té...  ¡Riquísimo!) dos bugambilias, una nochebuena... y creo que ya. Eso es lo que recuerdo.



También teníamos animalitos. Gallinas -comíamos sus huevos-, críabamos también sus pollitos, tuvimos guajolotes y pavos (¡mi pesadilla! eran casi de mi tamaño), teníamos borregos, cerditos, conejitos y hasta un perrito.



Así que imaginarán las mañanas con el sonido de las  gallinas, salían temprano con sus pollitos para buscar comida en la tierra de los rosales, los pollitos corría por el pasto del jardín mientras mi mamá lavaba y tendía ropa cuidadosamente... hubiera sido una tragedia  que algún pollito se atravesara entre los  pies de mi mamá. Los borregos salían a pastar en la parte trasera de la casa, en ésta parte teníamos una amplia zona de Milpa (plantío de Maiz).



Se alimentaban a los  cerditos con maíz, tortillas y cáscaras de frutas y verduras (normalmente la que nos sobraba después de desayunar fruta y jugo preparado por mi mamá)



Los conejitos comían una especie de croquetas, también comían alfafa... ¡uuuff! Alfalfa.

En aquella época tomábamos agua natural de alfalfa... ¡Muy rica!


Teníamos una vida holgada y tranquila, con aromas, sonidos, coloridas flores, aire fresco y limpio... ¡¿Cómo no amar la naturaleza si crecí en ella?!



Pero las cosas cambiarían pronto, nos mudaríamos más cerca a la Ciudad, viviríamos en una casa donde sería imposible continuar nuestra vida rural. El  negocio de mi papá quebró y las crisis comenzaron a ser cada vez más continuas... hasta la fecha.



La solución que mi papá encontró fue destinarse a E.U.,  mi mamá se quedó sola con cuatro hijas... Y así, "Mujercitas" cobró sentido.



Nos quedamos cuatro mujeres solas, en una época donde fuimos criticadas, señaladas y con el mundo de conflictos económicos encima.



Mi mamá tomó las riendas. Una mujer que asumió las responsabilidades del hogar, educar a cuatro hijas y realizar los pagos y administración económica de  la casa. Y, del otro lado, mi papá viviendo a kilómetros de distancia, en un país ajeno, con un idioma que jamás aprendió, con una cultura diferente, con los prejuicios y discriminación por ser inmigrante ilegal, solo y viviendo con lo esencial, cubriendo jornadas laborales de cuatro diferentes trabajos al día... todo esto durante 9 años.



Yo tenia 10 años cuando mi papá se fue, en un día lluvioso en la terminal número 4 de la Central de Autobuses. Su esposa y sus cuatro Mujercitas lo despidieron sin saber si lo volverían a ver. Pero conscientes del valor con el que, mi papá y mi mamá, afrontarían los años  venideros.


¿Qué es lo que nos enseñaron?

Justamente aquello que ahora está en discusión y es tan incomprensible por muchas personas.

Una mujer con liderazgo.

Tengo una mamá que asumió un rol familiar con bastante trabajo, nos enseñó a tomar las riendas de todo aquello que ocurriera en nuestra vidas. 

Nos enseñó a no esperar que alguien más nos solucionara nuestros problemas.

Nos mostró cómo ser independientes, no temer por andar solas en la calle, nos motivó a buscar y conseguir lo que queremos, a hacernos responsables de nuestras cosas, a solucionar nuestros problemas.



Sus enseñanzas también llegaron a sus nietas.
Mi papá nos enseñó que los hombres no son caballerosos, son respetuosos. No nos hacen un favor por ser mujeres, nos respetan por ser personas. 


Nos enseñó que los hombres también lloran. Nos enseñó que si queríamos trepar, saltar, correr, patinar, ensuciarnos, trabajar en el campo, manejar, montar, escalar, saltar grandes alturas, boxear, usar el rifle... o hacer cualquier cosa que tuviéramos en mente, lo podíamos hacer.


Y no por el hecho de formar "Mujeres fuertes e invencibles"... sino por el hecho de quererlo hacer.  

La única condición que nos advertía era: Nunca hagas daño a nadie.


Izquierda.- Mi papá convenciéndome de acudir 
a mi última quimioterapia.

Derecha.- Mi papá conmigo en la cima de la Pirámide del Sol,
celebrando mi  4to. cancerversario.

Tengo un papá y una mamá que me han enseñado a ser fuerte, a no esconderme de los problemas, a mirarlos de frente y tomar decisiones. 

Me enseñaron que, en momentos de adversidad tengo derecho a llorar, a quejarme, a enojarme, a apoyarme en alguien más. Me enseñaron que cada una de estas acciones no son signo de debilidad, son signo de humanidad.

También me enseñaron que a pesar de ello, puedo levantarme y continuar. Tomar la decisión que considere adecuada con todo y la libertad de equivocarme. 

Y a través de su ejemplo aprendimos que, tanto hombres como mujeres tenemos la fortaleza para afrontar las circunstancias de la vida. Tanto hombres como mujeres tenemos la responsabilidad de tratarnos con respeto, no  por la diferencia de géneros, sino por ser personas.

Ni uno ni otro son mejores o peores.


Ser feminista NO significa adoptar una postura ideológica ni conductual extremista.

Ser feminista NO significa repudiar a otros géneros.
Ser feminista NO significa sobrevalorar a  la mujer.
Ser feminista NO significa aprobar la arrogancia, ni empoderar a la mujer: No se trata de poder.

Ser feminista significa recordarle al mundo que Hombres y Mujeres son personas.
Recordarle que las  diferencias entre cada uno son biológicas, y que tenemos más similitudes que diferencias.
Ser feminista significa combatir prejuicios y estereotipos que atan tanto a hombres como a mujeres.
Ser feminista significa entender que no hay un lenguaje femenino y un lenguaje masculino... existe la comunicación, el diálogo, la expresión de ideas y sentimientos de manera asertiva.
Ser feminista significa entender que todos somos personas, que todos habitamos este mundo y que no somos ni de Marte ni de Júpiter.
Ser feminista significa que como seres humanos tenemos el derecho a la libertad de elegir nuestro camino sin dañar a nadie, tenemos la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros propios actos sin culpar a nadie más y sobretodo, y el punto más importante:

"Como seres humanos tenemos el profundo compromiso de respetar a otro ser humano"

Las prácticas sociales, culturales, psicológicas o religiosas que atenten la vida de otro ser humano NO deben considerarse como algo "Normal" o "Socialmente aceptado".


Soy Feminista, pero también Humanista.